
Una emergencia de enormes proporciones golpea este miércoles la región del Himalaya, en la frontera entre Nepal y el Tíbet chino. Una súbita masa de agua, barro y roca descendió sobre la zona fronteriza y arrasó viviendas, carreteras, puentes e infraestructura energética. Hasta el corte de este boletín, al menos nueve personas habían muerto y cientos continuaban desaparecidas, mientras las autoridades advertían que el balance podía aumentar a medida que los equipos de rescate lograran llegar a las áreas más aisladas.
Uno de los datos que muestra la dimensión del desastre es el número de viajeros cuyo paradero todavía no estaba confirmado. Las autoridades turísticas nepalíes contabilizaban 384 personas desaparecidas, entre ellas ciudadanos de Nepal, India, Estados Unidos y Reino Unido. También se buscaba a trabajadores extranjeros vinculados con proyectos hidroeléctricos de la zona.
Las primeras investigaciones apuntan a que una avalancha de hielo, roca y sedimentos pudo haber bloqueado temporalmente un río antes de liberar violentamente el agua acumulada. El canciller nepalí señaló ante el Parlamento que incluso se investigaba si un movimiento sísmico en la región pudo haber provocado una avalancha previa al desbordamiento. Por el momento, esa secuencia exacta continúa bajo análisis y no debe darse por definitivamente establecida.
La emergencia también tiene una importante dimensión económica. Carreteras y proyectos hidroeléctricos quedaron destruidos, y Reuters reportó que instalaciones equivalentes a unos 430 megavatios de capacidad eléctrica resultaron afectadas, una cantidad significativa para un país que depende fuertemente de la generación hidroeléctrica.
En el lado tibetano, la agencia estatal china Xinhua habló de “grandes víctimas” en el condado de Gyirong, donde un paso fronterizo clave quedó golpeado por el deslave. Las comunicaciones deficientes y el daño en las vías complicaban todavía más la evaluación del número real de afectados.
El desastre vuelve a poner sobre la mesa la creciente vulnerabilidad de la región del Himalaya frente a fenómenos extremos. En los últimos años, Nepal, India, Bután y las zonas montañosas de China han registrado inundaciones repentinas, desprendimientos y desbordamientos de lagos glaciares con elevado número de víctimas. Expertos han relacionado parte de esa vulnerabilidad con cambios climáticos, retroceso de glaciares y una expansión acelerada de carreteras, represas y otras construcciones en zonas de alta montaña.
La prioridad de esta mañana sigue siendo encontrar sobrevivientes y evacuar a las personas atrapadas. Helicópteros, fuerzas militares y equipos de emergencia participan en las operaciones, aunque el mal tiempo, el barro y la destrucción de carreteras dificultan los accesos. Las autoridades también vigilan un posible nuevo desbordamiento debido a bloqueos río arriba.