
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una ley de financiamiento provisional que permitirá mantener funcionando al Gobierno federal hasta el 11 de diciembre, eliminando por el momento el riesgo de un nuevo cierre administrativo antes de las elecciones legislativas de noviembre.
La Casa Blanca confirmó la firma después de que la Cámara de Representantes aprobara el proyecto por una amplia mayoría de 370 votos contra 48.
El Senado ya había aprobado previamente la medida.
La legislación resulta necesaria porque el Congreso todavía no ha completado la aprobación de ninguno de los 12 proyectos presupuestarios que deben financiar las distintas áreas del Gobierno durante el nuevo ejercicio fiscal.
El financiamiento existente expiraba al comenzar el nuevo año fiscal estadounidense, el 1 de octubre.
Sin una extensión temporal, numerosas agencias federales habrían quedado sin autorización presupuestaria suficiente para continuar funcionando normalmente.
La solución aprobada no resuelve definitivamente el problema.
Lo que hace es trasladar la fecha límite hasta el 11 de diciembre, dando al Congreso unas semanas adicionales para negociar los presupuestos completos.
Ese detalle es importante.
Estados Unidos no ha solucionado su disputa presupuestaria; simplemente ha eliminado el riesgo inmediato de una paralización.
La aprobación contó con un apoyo bipartidista considerable.
En la Cámara, solamente 19 republicanos y 29 demócratas votaron contra el proyecto, según los resultados de la votación.
El amplio margen refleja un interés compartido por evitar que la discusión presupuestaria provoque una nueva crisis política justamente cuando los legisladores se encuentran entrando en la recta final de la campaña para las elecciones de medio término.
Un cierre del Gobierno puede afectar a cientos de miles de empleados federales y alterar servicios públicos, trámites administrativos y actividades de diferentes agencias.
También puede provocar que determinados trabajadores considerados esenciales continúen desempeñando sus funciones aunque los pagos sufran retrasos.
El precedente reciente explica buena parte de la voluntad política para evitar otro enfrentamiento.
Estados Unidos atravesó anteriormente prolongadas disputas por financiamiento, algunas de las cuales provocaron cierres parciales y afectaron a distintas instituciones.
La medida firmada por Trump mantiene, esencialmente, los actuales niveles de gasto mientras continúan las negociaciones.
Programas relacionados con seguridad nacional, defensa, vivienda, energía y aplicación de la ley seguirán funcionando.
Pero la discusión más difícil simplemente cambia de fecha.
Antes del 11 de diciembre, republicanos y demócratas deberán encontrar acuerdos sobre los presupuestos anuales o aprobar nuevamente otra extensión temporal.
El problema de fondo es que las prioridades fiscales de ambos partidos continúan siendo diferentes.
Las discusiones incluyen niveles de gasto, seguridad fronteriza, programas sociales, defensa y otras partidas sensibles.
La noticia de este jueves representa, por tanto, una tregua presupuestaria.
Trump consiguió colocar su firma sobre una legislación que evita una crisis inmediata, mientras el Congreso obtiene tiempo adicional para negociar.
La verdadera prueba llegará en diciembre.
Si para entonces no existe un acuerdo sobre los presupuestos definitivos, Washington podría encontrarse nuevamente frente a la amenaza de un cierre gubernamental.