
lUna alianza entre Google y Cathay Pacific está intentando resolver uno de los efectos climáticos menos conocidos de la aviación: las estelas blancas que dejan algunos aviones en el cielo.
Las compañías anunciaron el 7 de septiembre la ampliación de sus pruebas con inteligencia artificial para identificar las zonas atmosféricas donde es más probable que se formen estas estelas —conocidas técnicamente como contrails— y modificar ligeramente la trayectoria de los vuelos cuando sea operacionalmente posible.
Aunque a simple vista parecen inofensivas, determinadas estelas pueden permanecer durante horas y transformarse en nubes artificiales que atrapan calor en la atmósfera. Por eso se estudia desde hace años su contribución al calentamiento producido por la aviación.
La propuesta resulta interesante porque no exige esperar la aparición de una nueva generación de aeronaves. Utiliza información meteorológica, modelos predictivos e inteligencia artificial para ayudar a los pilotos y planificadores de vuelo a anticipar dónde se encuentran las condiciones propicias para formar estelas persistentes.
El principio es relativamente sencillo: si el sistema identifica una zona de riesgo, un avión puede modificar su altitud durante una pequeña parte del trayecto y atravesar una masa de aire diferente.
Cathay Pacific y Google buscan ahora comprobar cómo puede aplicarse esa tecnología a una operación aérea real y a mayor escala.
El proyecto no elimina las emisiones de dióxido de carbono de los aviones y tampoco sustituye el desarrollo de combustibles sostenibles, motores más eficientes o nuevas tecnologías de propulsión. Su atractivo está en que podría convertirse en una herramienta complementaria disponible mucho antes.
La inteligencia artificial aparece aquí en una función muy concreta: procesar enormes cantidades de información atmosférica y convertirlas en una decisión operacional.
La aviación comercial funciona, además, sobre redes internacionales. Si las pruebas demuestran que el procedimiento es seguro, eficiente y escalable, el aprendizaje podría extenderse a otras compañías.
El experimento representa una tendencia cada vez más visible: utilizar la digitalización no solamente para vender boletos o mejorar la experiencia de los pasajeros, sino también para reducir el impacto ambiental de los vuelos.
El cielo podría terminar convirtiéndose en un gigantesco mapa dinámico donde cada aeronave encuentre una ruta ligeramente más limpia.
Imagen real para web: fotografía de un avión de Cathay Pacific utilizada en la cobertura del proyecto.