
El Mundial de 2026 (coorganizado por Estados Unidos, México y Canadá) ya está en marcha, pero no todo el protagonismo se lo están llevando los goles. Activistas y analistas internacionales han bautizado a esta edición como «la Copa Mundial de la exclusión». Los reportes apuntan a un profundo malestar global debido a las estrictas restricciones de visados impuestas por el gobierno estadounidense, lo que ha impedido que miles de aficionados de África, Asia y América Latina viajen a apoyar a sus selecciones. A esto se le suman los exorbitantes precios de las entradas y la constante tensión geopolítica por el conflicto latente en Oriente Medio, que empañan el ambiente de fiesta.
A pesar de las críticas organizativas, el balón no deja de rodar. En el plano puramente deportivo, selecciones como Argentina e Inglaterra ya han comenzado a marcar territorio en una fase de grupos que promete sorpresas debido al nuevo formato ampliado de 48 equipos. Los estadios lucen llenos gracias al público local, pero la ausencia de las tradicionales y coloridas hinchadas extranjeras sigue siendo el principal debate en las calles de las ciudades sede.