
En los años 80, la llegada del formato VHS transformó la manera de consumir películas y música. Por primera vez, las familias podían alquilar cintas y ver estrenos desde la comodidad del hogar. La noticia de su expansión fue un parteaguas: videoclubes en cada barrio, grabadoras domésticas que permitían conservar programas de televisión y un mercado paralelo de conciertos grabados. El VHS democratizó el acceso al cine y la música, y cambió la relación del público con los contenidos. Aunque más tarde sería reemplazado por el DVD y el streaming, su impacto en la cultura popular fue enorme: convirtió al entretenimiento en un ritual íntimo y cotidiano.