
lLa administración de Donald Trump abrió una nueva etapa de su estrategia contra Irán al anunciar sanciones contra aproximadamente 60 personas, empresas, entidades y embarcaciones vinculadas a la economía iraní, mientras advirtió que las compañías y países que sigan facilitando negocios con Teherán podrían perder acceso al sistema financiero estadounidense.
El anuncio fue realizado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien presentó la ofensiva como un intento de cortar las conexiones internacionales que todavía permiten a Irán obtener ingresos, particularmente a través del petróleo, el transporte marítimo y redes financieras utilizadas para mover dinero fuera del alcance de las sanciones tradicionales.
La principal novedad no está únicamente en los nombres incorporados a la lista de sancionados. Washington amplió el abanico de actividades que podrían exponer a terceros países y empresas a sanciones secundarias. Entre los sectores señalados se encuentran tecnología, aviación, transporte marítimo, oro y activos digitales.
Eso significa que una empresa extranjera podría no estar sancionada directamente por trabajar en Estados Unidos y, aun así, enfrentar consecuencias si el Departamento del Tesoro concluye que ayuda a convertir recursos iraníes en dinero utilizable dentro del sistema financiero internacional.
Sin embargo, Washington evitó por ahora una de las decisiones que podría provocar una reacción económica de gran escala: sancionar directamente a grandes bancos chinos. China continúa siendo uno de los compradores centrales del petróleo iraní y las autoridades estadounidenses llevan meses aumentando la presión sobre refinerías y operadores vinculados a ese comercio.
Bessent aseguró que ningún país está fuera del alcance de las medidas estadounidenses, aunque explicó que la administración quiere conceder un período para que empresas y gobiernos modifiquen sus operaciones antes de aplicar las sanciones más severas.
El cálculo es delicado.
Golpear a una gran institución financiera china podría dificultar todavía más las relaciones entre Washington y Pekín en un momento en que Trump y Xi Jinping tienen previsto mantener nuevas conversaciones. También podría generar una respuesta china sobre comercio, minerales estratégicos o acceso a mercados.
Irán reaccionó asegurando que no se dejará intimidar por la nueva campaña y que responderá a las medidas económicas.
La disputa se produce además en un escenario donde el estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los principales focos de riesgo energético. Aunque los mercados interpretaron el giro hacia sanciones económicas como una posible reducción del riesgo inmediato de una escalada militar, la circulación de petróleo y materias primas sigue condicionada por la tensión regional.
Este martes el precio internacional del crudo cayó con fuerza. El Brent llegó aproximadamente a USD 89,21 por barril, después de que los operadores concluyeran que las sanciones anunciadas eran menos agresivas de lo que algunos habían anticipado.
Para países productores como Ecuador, los efectos son contradictorios. Un petróleo caro puede aumentar temporalmente los ingresos fiscales derivados de las exportaciones de crudo, pero también incrementa el costo de combustibles importados, transporte y productos internacionales.
Washington anticipó que podría anunciar una medida adicional contra una institución financiera antes de finalizar la semana.
Por eso el paquete presentado el lunes probablemente no representa el final de la ofensiva, sino el comienzo de una etapa en la que Estados Unidos intentará obligar a empresas y bancos extranjeros a elegir entre mantener vínculos con Irán o conservar acceso pleno al sistema financiero dominado por el dólar.