
Un fenómeno conocido como «shadow AI» está tomando fuerza silenciosamente en las oficinas ecuatorianas, según un estudio publicado hoy por la firma de ciberseguridad GMS, con datos corroborados por ESET Ecuador. El hallazgo central: entre el 33% y el 40% de los empleados en el país utiliza sus cuentas personales de herramientas de inteligencia artificial —como ChatGPT o Gemini— para realizar tareas laborales, muchas veces sin que la empresa lo sepa ni lo autorice formalmente.
El estudio también reveló que el 66% de los trabajadores ecuatorianos usa alguna herramienta de inteligencia artificial de forma diaria, una cifra que confirma la rapidez con la que estas tecnologías se han integrado a la rutina laboral del país en poco tiempo. Sin embargo, esa adopción acelerada no ha ido acompañada de una preparación institucional equivalente: el 70% de las organizaciones ecuatorianas no cuenta con ninguna política interna sobre el uso de inteligencia artificial, y ese mismo porcentaje de empresas califica su propio nivel de preparación frente a la IA como básico o insuficiente.
Paul Nacimba, gerente de preventa de ciberseguridad en GMS, junto con Iván Ortiz, director del programa de ciberseguridad de la Universidad de las Américas, y Daniel Tenorio, especialista de bSmart/ESET Ecuador, coincidieron en que el riesgo principal no está en el uso de la inteligencia artificial en sí misma, sino en la falta de control sobre qué información sensible de la empresa podría estar siendo compartida, sin saberlo, con plataformas externas a través de cuentas personales no supervisadas.
Lejos de plantear un enfoque puramente alarmista, los especialistas consultados propusieron un camino constructivo: implementar protocolos de gobernanza de datos, desarrollar normativas internas claras sobre el uso de IA, capacitar al personal en el manejo responsable de estas herramientas, restringir la transferencia de información sensible a cuentas personales, y destinar presupuesto a ciberseguridad independientemente del tamaño de la organización.
El mensaje de fondo del estudio es que la solución no pasa por prohibir el uso de inteligencia artificial —una tarea prácticamente imposible dado lo extendida que ya está su adopción— sino por acompañar ese uso con reglas claras que protejan tanto a las empresas como a sus trabajadores. Para las empresas ecuatorianas, este reporte funciona como una llamada de atención oportuna: la inteligencia artificial ya está dentro de las oficinas, y la pregunta relevante ya no es si se debe usar, sino cómo hacerlo de forma segura y responsable.