
Noruega inició este sábado su primera jornada completa de duelo nacional tras la muerte del rey Harald V. Miles de personas se concentraron frente al Palacio Real de Oslo, donde flores, pequeñas banderas noruegas, fotografías y mensajes cubrieron buena parte de los exteriores del recinto.
Harald murió el viernes a los 89 años después de permanecer hospitalizado por una infección bacteriana. Gobernó desde 1991 y se convirtió en uno de los monarcas contemporáneos más populares de Europa.
La noche del viernes, bajo una intensa lluvia, grandes grupos de ciudadanos siguieron el traslado del féretro desde el Hospital Universitario de Oslo hasta el Palacio Real.
La Casa Real prepara ahora la exposición del féretro en la capilla del palacio. Permanecerá sobre un catafalco cubierto con tela púrpura acompañado por símbolos históricos de la monarquía: corona, espada, cetro y orbe. La fecha del funeral todavía no había sido anunciada al cierre de esta edición.
Las banderas permanecen a media asta y las imágenes del antiguo rey aparecen en estaciones de transporte, establecimientos comerciales y edificios públicos.
La figura de Harald es recordada especialmente por su capacidad para actuar como símbolo de unidad en momentos difíciles.
Una frase pronunciada en 2016 volvió a circular masivamente desde el anuncio de su muerte. En aquel discurso el monarca describió Noruega como un país integrado por personas de diferentes procedencias, creencias y orientaciones sexuales. Para numerosos noruegos, aquella intervención resumió la manera en que Harald interpretó su papel institucional.
La transición de poder, mientras tanto, ya se produjo.
Su hijo Haakon, de 53 años, se convirtió automáticamente en rey Haakon VIII en el instante de la muerte de Harald. La monarquía noruega no requiere una coronación para que se produzca la sucesión.
Haakon pronunciará un discurso televisado y el martes prestará juramento ante el Parlamento comprometiéndose a respetar la Constitución y las leyes del país.
Su hija, Ingrid Alexandra, de 22 años, pasa a ser heredera del trono.
El nuevo monarca comienza, sin embargo, en circunstancias difíciles. La familia real ha atravesado durante los últimos meses controversias personales que redujeron la popularidad institucional.
Precisamente por eso el enorme respaldo ciudadano mostrado tras la muerte de Harald adquiere importancia.
Los homenajes no representan únicamente respeto hacia un jefe de Estado.
Representan también la despedida de una figura que acompañó a varias generaciones durante 35 años.
El sábado comenzó así con una escena muy sencilla frente al Palacio Real: un guardia, cientos de banderas y una montaña creciente de flores.