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Aterciopelados vuelve a Quito celebrando 30 años de “La Pipa de la Paz”

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Andrea Echeverri y Héctor Buitrago llegarán a Quito para presentarse el jueves 3 de septiembre junto a Carlos Vives, dentro de una gira particularmente significativa: la celebración de los 30 años de La Pipa de la Paz
Antes del concierto, Buitrago conversó con Primicias y recordó una de las experiencias más singulares que la banda ha vivido en Ecuador: su participación en el festival realizado en el cráter del Pululahua en febrero de 1999.
Para el músico, aquella presentación fue una propuesta adelantada a su tiempo.
También mencionó otro lugar que ocupa un espacio especial en sus visitas al país: las aguas termales de Papallacta.
La conversación no se limita a la nostalgia.
Aterciopelados llega a Quito todavía activo creativamente.
Además de clásicos como Bolero Falaz, Baracunátana y Florecita Rockera, el grupo ha trabajado en nuevas versiones de canciones de su catálogo y continúa publicando material.
El aniversario de La Pipa de la Paz adquiere importancia porque ese disco forma parte del período que convirtió a la agrupación colombiana en una referencia continental.
Publicado en los años noventa, ayudó a consolidar una propuesta que mezcló rock alternativo con elementos tradicionales latinoamericanos, humor, crítica social, ecología y una estética muy diferente a la que dominaba la industria.
Treinta años después, buena parte de esas canciones continúa llegando a públicos que ni siquiera habían nacido cuando fueron grabadas.
Buitrago destacó precisamente ese fenómeno: en los conciertos actuales aparecen seguidores de diferentes edades, incluidos niños acompañados por sus padres.
La presentación será además una combinación generacional interesante.
Carlos Vives representa otra manera de transformar raíces colombianas en música popular contemporánea.
Aterciopelados hizo algo similar desde el rock.
Juntos representan dos caminos distintos de internacionalización de sonidos colombianos durante las últimas tres décadas.
Para Quito, el concierto se suma a una agenda musical particularmente intensa durante septiembre.
El regreso de la banda tiene también un componente emocional para quienes siguieron el rock latinoamericano de los noventa.
No se trata únicamente de escuchar canciones conocidas.
Es la posibilidad de comprobar cómo un repertorio de tres décadas puede mantener vigencia y dialogar con una nueva generación.

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