
lJefferson Pérez ha trazado una meta especialmente ambiciosa al frente del Comité Olímpico Ecuatoriano: reducir en 90% hasta diciembre el número de federaciones deportivas sometidas a intervenciones y devolver estabilidad a un sistema que llega al nuevo ciclo olímpico con serios problemas institucionales.
El diagnóstico es delicado. Aproximadamente la mitad de las federaciones deportivas nacionales atraviesa vacíos legales, problemas de reconocimiento o procesos de intervención. Pérez considera que esa inestabilidad termina afectando directamente la preparación de los deportistas.
El campeón olímpico asumió la presidencia del COE el 31 de julio después de las renuncias de Jorge Delgado y del secretario general John Zambrano. Su llegada permitió destrabar parcialmente una crisis que venía desde finales de 2025 y que terminó provocando la intervención estatal del organismo en junio.
Pérez insiste en que no pretende presentarse como un salvador, sino como un articulador entre federaciones, Gobierno, técnicos y atletas.
El problema financiero sigue abierto. Debido al vacío institucional, el COE tuvo dificultades para recibir recursos públicos, afectando programas vinculados con becas, campamentos y preparación internacional. Pérez espera que la normalización administrativa y bancaria pueda quedar resuelta, como máximo, en septiembre.
Pero el calendario deportivo no espera.
Los Juegos Suramericanos se disputarán del 12 al 26 de septiembre en Rosario, Santa Fe y Rafaela, Argentina. Ecuador proyecta enviar una delegación de alrededor de 200 deportistas y cerca del 90% de las federaciones ya habría alcanzado acuerdos sobre el número de atletas que viajarán.
Después vendrán los Panamericanos de Lima 2027 y, finalmente, Los Ángeles 2028.
El desafío de Pérez es especialmente simbólico porque fue el primer ecuatoriano en ganar una medalla olímpica: oro en los 20 kilómetros marcha de Atlanta 1996. Luego obtuvo plata en Pekín 2008.
Ahora su competencia ya no está en la ruta, sino en las oficinas.