
Tras cinco años de silencio discográfico, Melendi vuelve con Pop Rock, un álbum que recupera la esencia de sus primeros años, pero con una madurez lírica que conecta con nuevas generaciones. El disco mezcla guitarras eléctricas con arreglos modernos y letras que hablan de resiliencia, amor y crítica social. Su sencillo “Volver a empezar” ya encabeza listas en España y México, y se perfila como himno de festivales veraniegos. La crítica celebra que Melendi haya encontrado un equilibrio entre nostalgia y frescura, consolidando su lugar como referente del pop-rock El rosarino Fito Páez, ícono del rock argentino, sorprende con un proyecto colaborativo que revisita su obra desde una perspectiva contemporánea. Su nuevo disco incluye duetos con artistas jóvenes como Wos y Nicki Nicole, lo que genera un puente generacional entre el rock clásico y la música urbana. El tema “Ciudad de pobres corazones 2026” reinterpreta su clásico con beats electrónicos y guitarras distorsionadas, logrando un impacto en plataformas digitales y en la crítica especializada. Páez demuestra que su legado no es estático, sino un organismo vivo que dialoga con el presente.
kLa coincidencia de estos tres lanzamientos en mayo no es casual: las discográficas buscan capitalizar la temporada de festivales y giras internacionales. Melendi prepara una gira europea, Fito Páez anuncia conciertos en Buenos Aires y Madrid, y Nodal se embarca en un tour por Estados Unidos y Latinoamérica. El cruce de estilos —pop-rock, rock argentino y regional mexicano— refleja la diversidad de la música en español y su capacidad de competir en el mercado global frente a producciones anglosajonEn redes sociales, los estrenos han generado intensos debates. Los fans de Melendi celebran su regreso como un “volver a casa”, mientras que los seguidores de Páez discuten la pertinencia de sus colaboraciones con artistas urbanos. En el caso de Nodal, la polémica gira en torno a si su fusión con trap diluye la esencia del regional mexicano o la fortalece. Lo cierto es que los tres artistas han logrado lo más difícil: provocar conversación, emoción y participación activa de sus audiencias.