
En medio de un contexto geopolítico convulso, Kevin Parker convirtió el WiZink Center en un refugio sensorial. Con un despliegue de luces láser y sintetizadores envolventes, Tame Impala ofreció un concierto que muchos han calificado como «terapia colectiva». El artista australiano presentó temas de su nuevo álbum junto a clásicos, demostrando que la psicodelia sigue siendo el lenguaje universal para escapar de la realidad. La energía fue tal que el público se fundió en una sola masa rítmica.